La necesidad de mi madre al ser yo madre

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    La experiencia de ser madre

    Es curioso.
    Cuando nació Aritz, mi primer hijo, recuerdo la sensación de necesitar a mi madre como nunca me había pasado.
    Yo, que me consideraba una mujer independiente y resolutiva, de repente, no sabía lo que estaba haciendo…
    “-Pero, ¿por qué no sé el motivo del llanto de mi propio hijo?” “No voy a saber ser madre” “¿Por qué no duerme más de media hora seguida ni de día ni de noche?”

    A todo esto, los pechos en carne viva, las hormonas se veían pululando a mi alrededor: “Ahora soy feliz, ahora estoy triste. Me duelen los puntos, estoy cansada. No duermo. No sé pensar…¡Qué me pasa!”

    Pues qué me iba a pasar…

    Lo que nos pasa a todas las madres primerizas, no sabía ni por dónde me daba el aire.
    Solo recuerdo necesitar que mi madre estuviera ahí, cerquita. Aunque fuera solo sentada en una silla, para que me observara y, si veía algo que hacía mal, me lo dijera.

    Irónicamente, justo todo lo contrario de lo que habitualmente quería.

    Algo muy raro en mí, me sentía como una niña pequeña.

    Era una sensación que pocas veces había experimentado. No sabía qué estaba haciendo, y a la vez sentía la presión de tener un ser vivo a mi cargo las 24 horas que tiene el día. Una presión que era incapaz de controlar.

    La fuerza de una madre

    Mi madre salía de trabajar y venía a mi casa seguido para que pudiéramos dormir aunque fuera un rato.
    La necesité tanto en esos momentos que no la dejaba ni descansar. Evidentemente yo no fui consciente hasta que un día le dije:
    “Ama, ¿vienes luego no?” Y ella me respondió: Sí…¿Pero me dejarás ir a casa a comer primero no?”

    Esa fue la primera vez que fui consciente de que la estaba agotando. Aunque ella jamás se quejó, nunca. Ni lo hará. Todo lo contrario, era una mujer feliz con su primer nietecito.

    Y ahora con el pequeño Ibai me pasa un poco lo mismo.
    Soy más consciente de lo que es tener un hijo pero, aun así, no hay nada como una madre, que te dé seguridad y confianza que necesitas, que te apoye en tus decisiones y te ayude a tirar del carro con todo.

    Nunca somos conscientes de lo que sufre una madre por sus hij@s hasta que nos toca vivirlo ¿verdad?

    Los hijos nos dan muchas alegrías, pero reconozco que también te cambian el carácter y la vida.
    Un día eres una persona libre, sin ataduras, sin miedos, que haces las cosas por que quieres y puedes y, de repente, al día siguiente te da

    miedo cruzar la carretera por donde no es porque te llega el pinchacito ese que te dice: “¡Uy, cuidado, que dejas dos niños huérfanos a lo tonto!” Yo qué sé…cosas así.

    Dejas atrás tu papel de hija para desarrollar el de madre. Pero los niños no traen instrucciones de uso.

    ¿Por qué os cuento todo esto?


    Pues porque ahora, en la lejanía, veo los hechos desde otra perspectiva mucho más optimista. Creo que en aquellos momentos tuve un principio de “depresión post partoque no supe reconocer y, curiosamente, la única persona que me aportaba tranquilidad era mi madre. Y es que mi marido estaba igual de perdido que yo, y dormía igual de poco, por lo que seguramente si en aquel momento no hubiese tenido el apoyo de mi madre, la depresión post parto hubiera llegado para quedarse.

    A nosotros nos valía con que ella viniera a hacernos compañía, eso era suficiente, aunque también os diré que si se hubiera quedado a vivir con nosotros yo hubiera sido la mujer más feliz del mundo. Solo le faltó eso, quedarse a vivir, ya que se pasaba todas sus horas libres con nosotros y sin rechistar.

    Sinceramente, no sé qué hubiéramos hecho sin ella. Tengo mucho que agradecerle.

    Bueno, ¿Y tú? ¿Cómo viviste tu maternidad? ¿Pasaste por una situación parecida?

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